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viernes, 10 de febrero de 2012

Gallinas ponedoras ( III )

Las gallinas de granjas ecológicas, con el número 0 inscrito en el huevo, se crían en libertad en condiciones óptimas de higiene, nutrición y sanidad, en un entorno sano, no masificado y protegido de la contaminación ambiental.

La alimentación de las ponedoras ecológicas se basa en hierbas, semillas, insectos y piensos de producción ecológica a base de cereales y soja.


Nutricionalmente todos los huevos son iguales, al menos según indica el Instituto de Estudios del Huevo. Sin embargo el sabor es distinto, ya que la gallina al moverse metaboliza de forma diferente su alimento: el pienso -que son cereales-, y también esta menos estresada. El resultado de las gallinas “felices” son huevos con más sabor y con las yemas más anaranjadas, como los de antes.

Los huevos de gallina campera vienen a costar el doble que los de gallina enjaulada, pero tenemos que tener en cuenta que estamos hablando de cantidades que oscilan entre 1,20 € y 3,20 € la docena. Aunque estemos en crisis, son 2 euros como máximo la docena -poco más de 10 céntimos por huevo-, y dado que las recomendaciones son 3 ó 4 huevos a la semana, no merece la pena escatimar.

Comprar huevos de gallinas en "libertad" reduce parte del sufrimiento de estos animales en vida, algo que es positivo pero insuficiente si es que queremos tratar a estos seres con el respeto y la justicia que se merecen. Sus vidas, y las nuestras, no deben ser propiedad de nadie porque ellos tampoco son simples objetos.


jueves, 9 de febrero de 2012

Gallinas ponedoras ( II )

Los llamados huevos "sin jaulas ", con el número 2 inscrito,  agolpan a las gallinas en multitudes amontonadas en un galpón. En todos los casos se les sigue cortando el pico sin anestesia, matando a sus polluelos incapaces de poner huevos, sometiéndolas a muda forzada y tratándolas como basura para atraparlas y meterlas en cajones rumbo al matadero.


Con el número 1 tendríamos a las gallinas camperas. Este método pretende recrear la imagen idílica de las gallinas escarbando en el corral pero la realidad suele ser muy diferente.

Las mismas gallinas que viven en galpones con multitudes de hasta 16.000 aves  tienen acceso al espacio de pasto al aire libre con un máximo de 2.500 aves por hectárea. Sin embargo, en unidades grandes, a menudo menos de la mitad de las aves salen regularmente afuera. Con todo, las gallinas después de un año de la producción del huevo no salen rentables por lo que generalmente se matan.



Gallinas ponedoras ( I )

La industria de las gallinas ponedoras es una industria en la que la extrema crueldad que sufren estos animales nunca se da a conocer al consumidor a la hora de comprar sus huevos. En España, la inmensa mayoría (al menos 80%) de gallinas ponedoras son mantenidas en "jaulas en batería" o battery hens; las gallinas están permanentemente encerradas en jaulas y no saldrán hasta que se mueran o que las maten. Son privadas de espacio, de cuidados médicos y por supuesto de libertad.

En estas condiciones de cría, viven en jaula unas cinco gallinas y el espacio del cual disponen es más pequeño que una hoja de papel. La rentabilidad de la explotación es mayor cuantos más animales almacena, es decir, cuanto mayor es la densidad de animales. En general, las jaulas son apiladas en cinco plantas, yuxtapuestas en estantes larguísimos para maximizar los resultados de producción.


El suelo de la jaula no es estable ni continuo, ya que toda la jaula es de rejas. Este detalle es importante: no sólo permite que los excrementos sean echados a las jaulas de los pisos inferiores, sino que además conlleva el crecimiento excesivo de las uñas de los animales en un intento para adaptarse al suelo, y esto les causa deformidades y  un dolor insoportable. A menudo, debido a la suciedad y a la alta densidad de gallinas en un espacio cerrado, los miembros inferiores se quedan pegados a las rejas debido a una mezcla de excrementos y de sustancias orgánicas (sangre, pus, etc.). Los animales permanecen así hasta que los empleados los saquen de la jaula para sacrificarlos, y en ese momento, los arrancan sencillamente de su cárcel, a la cual los miembros de los animales permanecen pegados.


Por otra parte, el hecho de que el suelo sea de rejillas impide a las gallinas satisfacer su instinto natural: estos animales suelen dedicar mucho tiempo a picotear y revolcarse en la tierra (para quitarse los parásitos), y por supuesto, este encierro forzado en zonas industriales les obliga a negar sus instintos.

En estos espacios diminutos, tampoco pueden estirar sus alas, de hecho, en algunas industrias, el problema suele resolverse mediante la reducción de las alas, en otras palabas, se les corta la mitad de las alas. Las gallinas pierden sus plumas, y son oprimidas y heridas por la constante fricción contra los barrotes de sus jaula. Cualquier movimiento o ejercicio es imposible, y además, la puesta excesiva de huevos provoca una pérdida importante de calcio que debilitan al animal, por no mencionar los tumores en su sistema reproductivo ya que la puesta de huevos es llevada al extremo. Hay que recordar que estas criaturas se ven obligadas a poner muchos más huevos que de manera natural. No, una gallina no pone huevos de forma continua, como todos los animales, lo hace sólo en determinados períodos y en cantidades muchas más pequeñas. En su estado natural, suelen producir una docena de huevos durante el periodo de puesta, mientras que en esta industria, se pasan la vida encerradas y obligadas a poner más de 300 huevos al año.

El encierro, la falta de espacio vital, el hacinamiento con sus congéneres, la falta de "comodidad" de las jaulas, las técnicas utilizadas para forzar la puesta de huevos, como el hecho de mantener constantemente a las gallinas bajo luz artificial, añadido a otros estímulos escalofriantes, hacen que su comportamiento se altere, que se vuelvan agresivas y que ataquen a sus  congéneres con el pico e incluso que lleguen a practicar el canibalismo.

Todo esto sumado a la violencia que sufren y ejercen las gallinas dentro de sus jaulas hace que los productores pierdan beneficios, y por ello, se ha extendido la práctica de la amputación del pico. Es una práctica muy cruel, ya que la operación se realiza sin anestesia o sedantes, y que requiere un corte en el hueso, cartílago y tejidos; sería como cortarle la nariz a alguien. La falta de medios por reducir los costos y la velocidad de rendimiento exigida,  hace que esta operación resulte en la amputación del pico, fuente de dolor horrible, pero que además, a veces no se "opere" correctamente. Un método que causa un terrible dolor, lesiones, infecciones, que obviamente, no son curadas o aliviadas. Inmediatamente después de la mutilación, la gallina es introducida en su jaula, donde comienza su "nueva vida": condenada a pasar su vida en prisión poniendo huevos sin parar.


En algunos casos, especialmente si el coste de reposición de animales es demasiado elevado, se induce la muda a las gallinas para extender su capacidad de puesta. Este método implica privar de comida a las gallinas por un período de hasta 18 días, mantenerlas en la oscuridad, sin agua, para producirle un choque al cuerpo y provocar un nuevo ciclo de puesta. Por lo general, durante la muda forzada 10% de las gallinas mueren, las que siguen vivas pierden hasta 25% de su peso.


Las gallinas ponedoras de batería no suelen vivir más de un año. La única vez que salen de sus jaulas también será la última: muertas o a punto de ser sacrificadas por dar un rendimiento demasiado bajo. Por otra parte, su condición física es a menudo tan pésima que no pueden ser vendidas como carne, por lo que acaban de caldo de pollo, estos famosos cubitos que todos conocemos.


Se estima que en el mundo hay unas 4.700 millones de gallinas ponedoras. El 70 al 80% están en jaulas en batería. La legislación de la Unión Europea obligó desde el 2004 a etiquetar a los huevos según el método de producción y las prohibió a partir del año 2012, permitiendo las jaulas "enriquecidas". Estas últimas, se prevé, no aliviarán en casi nada el sufrimiento de los no humanos.

Para que el consumidor conozca el proceso, los métodos por los cuales se obtienen los huevos y las condiciones de vida del animal existen unos números inscritos en los huevos. El primer número corresponde al código de cría, es decir, nos indica de qué clase de industria procede el producto.



Los huevos de gallinas criadas en jaulas en batería tienen inscrito un número 3.

martes, 7 de febrero de 2012

¿Qué es el especismo?

El especismo es la discriminación de quienes no pertenecen a una cierta especie. La mayoría de los seres humanos son especistas hacia los demás animales, considerando que no deben ser respetados o que deben serlo menos que los humanos. 

Los animales podemos sufrir y disfrutar. Por ello, tenemos intereses y necesidades propios. Esto ocurre con independencia de nuestra especie. Sin embargo, a la hora de respetar a los demás, se hace comúnmente distinción radical entre los seres humanos y los demás animales. Únicamente se tiene en cuenta a los humanos, lo que supone, así, discriminar al resto de los animales. Esto constituye la discriminación arbitraria que recibe el nombre de especismo.

Quienes defienden esta discriminación emplean unos argumentos que se vienen abajo rápidamente. De hecho, muchas veces ni siquiera dan razones para ello. Simplemente asumen que podemos aceptar la discriminación de los animales de otras especies porque sí, por el mero hecho de que no sean de nuestra especie o porque siempre ha sido así. Otras veces se asume simplemente que somos más importantes. O se dice que es así apelando a supuestas razones no comprobables de ninguna forma (como hacen algunos que dicen, por ejemplo, que somos “la especie elegida”). Eso no constituye argumento alguno y no puede justificar nada. La misma lógica justificaría cualquier clase de injusticia que pudiésemos sufrir.

Por otra parte, se dice muy a menudo que solo hemos de respetar a los seres humanos porque los animales de otras especies no pueden realizar razonamientos que los humanos sí podemos hacer. Sin embargo, el hecho es que hay muchos seres humanos que no pueden llevar a cabo tales razonamientos. Esto sucede en el caso de los bebés y los niños de corta edad. Pero también en el de muchos adultos que han sufrido algún tipo de enfermedad o accidente, teniendo diversidad funcional intelectual profunda (lo que algunas veces se llama discapacidad intelectual). Así, si este argumento fuese válido, estaría justificado discriminar y explotar a estos seres humanos. Esto muestra que no se puede levantar una barrera dividiendo a los humanos y a los demás animales afirmando que solo estos últimos tienen ciertas capacidades intelectuales. El especismo no se puede justificar así.

Otras veces se dice que los seres humanos podemos discriminar a los demás animales simplemente porque no sentimos por ellos la misma simpatía que tenemos por los humanos. O porque somos más poderosos que ellos. Estos argumentos tampoco deben ser aceptados. Hay muchos seres humanos que no tienen a nadie que simpatice con ellos. Y otros que se encuentran en una situación de debilidad. Los racistas, que a lo largo de la historia han explotado y esclavizado a millones de seres humanos, también estaban en una situación de poder. Y sentían simpatía solamente por quienes tenían su mismo color de piel. Sin embargo, su actitud era igualmente injustificable. Ninguna de estas razones justifica la discriminación de los demás. No pueden servir, por tanto, para discriminar a los animales que no pertenecen a nuestra especie. No justifican el especismo.


En realidad, que alguien tenga una mayor o menor capacidad racional, o que tengamos simpatía por alguien, no es lo importante para que sea tenido en consideración moral. Lo importante es poseer la capacidad de sufrir y disfrutar. Son los seres que poseen esta capacidad quienes pueden verse afectados por los actos de otros. Por este motivo, son los animales quienes han de ser respetados.

En contraposición a esto, si rechazamos el especismo defenderemos la consideración igualitaria de los intereses de los animales. 

En ocasiones se actúa también de modo especista al favorecer a ciertos animales frente a otros aunque no sean humanos. Esto sucede, por ejemplo, si nos oponemos a que se mate a perros o gatos para su consumo como comida pero aceptamos que ello se haga en el caso de los cerdos o vacas. O si entendemos que solamente hemos de respetar a los simios. Estas son formas de discriminación especista que perjudican a los demás animales.

Nuestra sociedad seguirá siendo especista, con todas las consecuencias que ello implica, mientras no vayamos dejando atrás, cada uno de nosotros, nuestras actitudes especistas. Para conseguir esto, lo primero pasa por reconocerlas, por saber qué es el especismo y por denunciarlo como una actitud injustificable.  

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